miércoles, 20 de agosto de 2008

Taller de Literatura: Creación de un libro ilustrado
Seminario 1- Regreso a la infancia
Maria Fernanda Ariza
Código: 02129
La palabra narrada
 
La palabra narrada ha de ser la memoria intangible, es sin lugar a dudas el legado cultural que establece su más profundo sentimiento en el sonido individual de un imaginario colectivo. Susceptible entonces de ser interpretada (tantas veces como oradores estén dispuestos a re-crear el espacio), ésta  ha venido transformando todo el  escenario del que-hacer diario, y entre versos y rimas - repartidas por doquier- ha logrado penetrar sin previo aviso en la fraternidad de nuestro seno materno, es ahí donde ha permanecido hasta nuestros días como una constante in-variable de repetición, como un eco de voz de aquellos autores “anónimos” que ceden su libro interior a la escritura del nuestro.
 
De esta forma, el carácter de los personajes se instala cabalmente en la formación del propio ser y en un modelo de identificación no tan propio, ¿Cómo se siente el personaje?[1] dice Rodolfo Castro, es la pregunta obligada para descubrir el secreto del silencio, el mismo que Daniel Goldin prolonga en la intensidad del vacío y que Graciela Montes libera de toda nuez podrida, pues son pocos los que logran acceder voluntariamente a este tesoro oscurecido por el ruido.
 
No obstante, apegados a la estructura formal de las palabras terminamos reduciendo el silencio mal tratado a un diccionario de “términos”  que si bien deben partir de una raíz semántica, han quedado presos en el ancla de las comunicaciones discursivas. Hablamos pues de un modelo educativo cimentado en le trabajo y en la función productiva del objeto material  y su correspondiente insignia: “no perder el tiempo” (des-prendido de un tecnicismo agravado, su re-presentación más inmediata es la de máquina procesadora de palabras). En este punto habría que preguntarse ¿qué tan productivo resulta siendo el cuerpo-máquina en un complejo de órganos tecno-automáticos, en lo referente al lenguaje y su narrativa?, y ¿cómo los niños movidos por el insignificante sin sentido de un código aún no resuelto -y desde ya dictado- empiezan desmantelando toda “una red de casas encantadas”[2]?
 
Una aproximación a la respuesta la da Evelio Cabrejo Parra, al precisar lo desconocido como una transición entre estímulo-respuesta, es decir “la espera de lo inesperado”[3] que en el teatro universal  se hace vidente a través de la creación literaria performatizada -en la primera y más natural experiencia-, y el culto por el objeto fetiche.
 
En este sentido, la misma transvaloración del cuerpo material es ahora una “suerte” sin sentido entre la re-producción y el original perdido, a la espera hemos de estar, al igual que Daniel Goldin de una crisis oficiosa que ponga en peligro la verdadera –atribuyendo valores trastocados-“magia de las palabras”[4].
 
Es aquí donde habría que re-evaluar tanto como el ocio, el mismo “placer” y hacer de nuestra eterna búsqueda de la felicidad la más grata actuación, retenerla “el tiempo que se quiera”[5] antes de convertirla en mera repetición, y con mayor sorpresa encontrarse sumergido en un mundo paralelo, como una mujer que espera  acercarse al cuerpo de su amante (Clarece Lispector), y a cambio se ha visto escribiendo su propio libro (Evelio Cabrejo-Parra), se ha encontrado consigo misma, su cuerpo ahora habita en la cuarta dimensión y su ubicuidad ha de estar presente  en los libros.
 
 


[1] Rodolfo Castro, Habitar el sonido. Revista nuevas hojas de lectura No. 5, Agosto-Octubre 2004, P. 5
 
[2]Ana Maria Machado. Tomado de Libros: El mundo en una red encantada, Rio de Janeiro, Dia internacionacional del libro infantil, 2003.
[3] Tomado de La lectura comienza antes de los textos, Evelio Cabrejo-Parra.
[4] Maria Luz Uribe, Del amor a la palabra al amor a la lectura: La magia de las palabras. Fundalectura-Banco del Libro.
[5] Clarice Lispector. Felicidad Clandestina. Barcelona: Mondadori, 1994, P. 10.